Llegó de nuevo esa época en la que las hojas de los arboles se caen, todo se tiñe de naranjas, el frío llega y la morriña tambien… pienso en mi querido hogar en sus celebraciones y sus olores estos días.
Por aquí empiezan a entrar cada vez más las costumbres extranjeras, podemos ver a los niños pidiendo el truco o trato aunque no tienen ni idea de que truco harán, solo quieren dulces… nos disfrazamos para halloween y los más tradicionales irán a ver a sus difuntos a dejarles flores.
Desde que vine a vivir aquí esta época es la que más hecho de menos casa, además de por ser mi cumpleaños por esa visión especial de la muerte que tiene Mexico, ese desparpajo y algarabía.
Esas costumbres mágicas y místicas que nos vienen de herencia desde los mayas.
La ciudad se llena de olores que invitan a las cocinas de las abuelas, los hornos bajo tierra se caban laboriosamente y se llenan con los «pibipollos» (comida tipica de estos dias) se tapan con ojas de platano y se cierra el horno para que se cocine…lentamente se van cocinando mientras la familia se prepara para la apertura de los hornos, es toda una fiesta ir de casa en casa visitando a los amigos y familiares a ver que se abran los hornos y comer una pieza recién salida o recalentada al otro día, ese olor a maíz, a labor, a tierra y humedad.
Los altares se engalanan para recibir la llegada de sus difuntos, se llenan de velas de colores para los más pequeños y para los grandes se les coloca sus comidas y bebidas preferidas, la bebida de cola, el tequila, los dulces de calabaza, pan de muerto… en todo Mexico las tradiciones varian y cada cual es más interesante y bonita, se colocan las calaveritas de azúcar y flores que llenan de colorido el altar.
Se celebran concursos de altares, se manchan las manos de barro, tierra, incienso y cera en la creación de los mismos, se dibuja un camino con pétalos de flores y con tierra para conducir a las almas al altar.
Los mercados se llenan con la compra de los ingredientes, hojas de platano, maiz, condimentos, el tan querido epazote, que le da un sabor característico.
Seguro que se escapan muchos detalles, esto es lo que se queda grabado en mi corazón y espero pronto poder pasar un noviembre en mi tierra y poder volver a respirar este olor a cocina de toda la vida, este olor a tradición,
espero os haya gustado y os animeís a visitar mi tierra en esta época que es maravillosa.




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